EN ESTO LLEGÓ BELMONTE. Primavera 2012
Y en esto llegó Belmonte
“España es el problema y Europa la solución”. La famosa idea
de Ortega y Gasset no para de repetirse en los últimos meses. Para unos justifica la presunción de que todo buen
criterio para nuestros problemas vendrá de Europa, frente a nuestra cabeza loca, de la que nada
podemos esperar. Para otros es premonitoria de nuestra bancarrota y del recurso
al Monte de Piedad Europeo. Qué paradoja que la Nación en su conjunto venga a
empeñar su ajuar sin horizonte de retorno cuando a su alrededor saltan por los
aires las decenas de Montes de Piedad locales, creados modestamente con
recursos propios, en los que se
aliviaban los malos tiempos de los españoles.
Se pasa por alto la otra gran referencia de Ortega respecto
a la “solución” de nuestros males: las Provincias. Sí, las provincias. Las
provincias como expresión de las capacidades nacionales, endógenas, propias,
fueran grandes o pequeñas, pero nuestras.
Como expresión a su vez de las responsabilidades nacionales y la
disposición colectiva a ser consecuente. Era obvio que Ortega no creía en los
milagros. Ni por la vía de protectorados alemanes (por muy admirador que fuera
de su cultura); ni podría haber imaginado la humillación nacional de acudir al
Monte de Piedad Europeo.
Las provincias, aún en su modestia, o precisamente por eso, representaban para Ortega, la esperanza en las energías nacionales, la
sensatez, la reciedumbre, el compromiso, la emprendiduría, lo mejor de España, el potencial del que emerger tras el fracaso
de la clase dirigente nacional, identificada con Madrid. “Madrid no ha sabido cumplir su misión de
capitalidad, que es mejorar las provincias, nutrirlas de vitalidad, incitarlas
y refinarlas”. Hoy, contemplando nuestra
realidad, quizá pensaría que las provincias
convertidas en comunidades autónomas renunciaron a ser ellas y despreciaron sus
propios valores para jugar a ser réplicas lamentables del peor Madrid, el
milagrero y cortesano. Y se escandalizaría
al comprobar lo bien que se ha acomodado al caso su producto menos
recomendable al efecto, “ese hombre del casino provinciano que vio a Carancha
recibir un día”
No obstante, presumimos que hoy, como hizo entonces, Ortega sabría distinguir más
allá de morbos provincianos, y
mantendría su reivindicación de las provincias, en su mejor sentido.
Entonces eligieron Segovia para presentar públicamente
su Agrupación al Servicio de la República. Segovia, como símbolo de la España
de las provincias, a la que querían dirigirse, y de la nueva España, moderna y
eficaz, a la que aspiraban.
El 10 de febrero habían nacido a través de un Manifiesto
publicado en el diario El Sol. Un manifiesto de tono sobrio y mesurado (como reconoció
el propio ABC), acorde con la meta del mismo, “conseguir un efecto de consenso
en la sociedad”. Las adhesiones al mismo se desbordaron. En dos semanas la
plataforma alcanzó veinte mil inscritos,…¡ sin internet!.
El manifiesto en buena medida era continuación de los
recientes artículos políticos de Ortega en El Sol. Pero a su vez la plataforma era la culminación de más de 30
años de esfuerzo lento y constante de “un amplio sector intelectual disconforme
y crítico con el poder y la realidad social del país”. Sus promotores, indignados con pajarita, compartían
el objetivo común de la regeneración de España, y una pasada juventud de
contacto con la cultura europea”. He ahí la Europa tal como la entendían, y
desde la que venían a reivindicar las provincias.
La expectación y el entusiasmo eran máximos y la vecindad de
las dos capitales hacía previsible una avalancha madrileña sobre Segovia. Pero
los tres oradores (Ortega y Gasset, Marañón y Pérez de Ayala) deseaban que
fuera “el pueblo de Segovia y su provincia el principal oyente de sus
discursos”. Sólo se reservaron cincuenta invitaciones para los forasteros. Y
así lo advirtieron a través del propio diario El Sol para evitar molestias.
Llegó el día de San Valentín de 1931, con Segovia convertida
en capital del aliento de regeneración nacional. Un hervidero de periodistas
nacionales y extranjeros hicieron su llegada. Pero ninguna impuso más que la
del torero Juan Belmonte.
Antonio Lucio Gil (17 de junio de 2012)
PD: Los detalles sobre el acto de Segovia del 14 de febrero de 1931 están tomados del trabajo de Margarita Márquez Padorno sobre la Agrupación al Servicio de la República.
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