lunes, 18 de marzo de 2013

Las Cuentas Olimpicas (2). Agosto 2012


Antonio Lucio Gil
Para El Adelantado de Segovia
Londres, sábado, 18 de agosto del 2012.

Las Cuentas Olímpicas 2
El Informe oficial sobre los impactos y el legado de los Juegos de Londres estará disponible en el año 2015. Debe contemplar, lógicamente, el principal periodo de influjo de aquéllos, que se ha definido en 12 años: desde que se lanza la candidatura (2002 en el caso londinense) hasta 3 años después de la celebración del evento. No obstante en el año 2013 se presentará  ya un Avance. Tal informe se está realizando por la Universidad del  Este de Londres (UEL), junto con el Instituto para la Sostenibilidad de Thames Gateway (TGIfS); ambas reputadas instituciones de investigación y estudio sobre todos los aspectos de relevancia para el caso. Es importante reseñar que el Informe se está llevando a cabo por primera vez en unos Juegos de verano, conforme a un ambicioso cuadro de 120 indicadores (económicos, sociales, ambientales) diseñado por el COI, tras una década de concienzudos trabajos, bajo el nombre de OGI (Olymic Games Impact).  
Mas, entre tanto se emite tal informe oficial, se han sucedido otros muchos desde distintos ámbitos económicos, académicos, sociales. El Finantial Times, hace dos semanas,  relacionaba los principales estudios generados en torno a los beneficios económicos del acontecimiento, a cargo de Goldman Sachs, Lloyds Banking Group (a través de  Oxford Economics), Consensus Economics (a través  de Michael Saunders de Citigroup), Office por Budget Responsability,  Royal Bank of Scotland, Visa, Moody’s y el propio Downing Street.  Este último habla de un impulso económico,  por mérito de  los Juegos, de 13.billones (en sentido anglosajón, = 13.000 millones) de libras a lo largo de los próximos cuatro años: 2,3 por el turismo, 6 de inversiones extranjeras directas en Reino Unido y el resto a través de una serie de grandes cumbres económicas a celebrarse en Londres  bajo la estela del evento. Coinciden en  estimaciones tan positivas Lloyds y Visa, ambos patrocinadores de aquél. El primero prevé globalmente, en varios años, un rendimiento de 16,5 billones  de libras. Visa, por su parte, calcula 1,37 billones por ejercicio en los próximos años, consiguiéndose en total un incremento del 3,5% PIB para el año 2015. Por el contrario el resto de los estudios referidos hablan, en general,  de un limitado beneficio: entre un 0 y un 0,3% del PIB en el tercer trimestre de este año.  Hay una explicación para tan grande diferencia entre unas y otras estimaciones. Estos últimos estudios se limitan a  considerar los ingresos directos de venta de tickets, turismo durante los Juegos y gestión del evento. Mientras que los primeros (Gobierno, Visa, LLoyds) intentan desarrollar un verdadero análisis de coste-beneficios mucho más amplio, tanto por el lado del “debe” (costes de candidatura y de administración, seguridad, sacrificio para otros negocios locales, etc.) como por el del  “haber” (impacto dinámico del empleo temporal en las obras, redes de negocios generadas con ocasión del evento, beneficios en turismo a largo plazo, efecto de imagen, etc.). No obstante este ejercicio se presta a tantas interpretaciones y matices (por ejemplo ¿qué parte de los flujos a largo plazo de obras o de turismo habrían tenido lugar igualmente sin el evento? ¿Cuáles son los costes de oportunidad ¿) que tal labor de contraste y balance entre gastos y beneficios es calificada de “hercúlea” por el propio Finantial Times. “La cuestión es tan ambigua y tan difícil de evaluar que es muy poco probable llegar a conclusiones mínimamente objetivas”, con lo que suele suceder que “las promesas de beneficios y legados acaban perdidas en cálculos presupuestarios”  dice Andrew Thornley, profesor  de planificación urbana de la London School of Economics (LSE), con una de las trayectorias más reputadas en la cuestión.
Todo lo anterior nos da una idea de la enorme importancia de ese primer intento oficial de” Olympic Games Impact” (OGI), auspiciado por el COI,  que se está llevando a cabo con ocasión de Londres 2012, cuyo avance de resultados tendremos el año que viene, y su versión final en el 2015.
Ahora bien, en todo este complejo esquema de números sí se han alcanzado certezas en el análisis de los costes, certezas bastante incómodas. El sobrecoste medio de los Juegos desde 1976 ronda un 179% respecto a los presupuestos iníciales;  más que cualquier otra clase de mega-proyectos, incluidas las grandes presas. Así  se encargaba  de remarcarlo The Economist en su famoso editorial homenaje a nuestro paisano el Emperador Theodosius. Para  Will Jennings, investigador en riesgos y mega-eventos, también vinculado a la LSE, ese inquietante  desequilibrio se debe a: prejuicios optimistas en los costes por parte de las candidaturas, omisiones u ocultaciones por parte de los planificadores, incremento descontrolado de las especificaciones desde los organismos deportivos, pobre gestión del proyecto, defectuosa  gestión de riesgos y, destacadamente,  fallos en los sistemas políticos de supervisión.
Con opiniones parecidas, los autores vienen a reconocer, dolorosamente, que Londres 2012 no es la excepción. Y se hacen eco del estupor en  la Comisión de Cuentas Públicas de la Cámara de los Comunes al analizar el pasado marzo los presupuestos finales del proyecto: sobre  un incremento de 5,9 billones de libras de gasto público respecto al presupuesto inicial “revisado” de en torno a 4 (en un momento previo era sólo de 2,3), se sorprende la Comisión de que no se den suficientes explicaciones acerca de cómo se piensa gestionar el retorno de parte de los mismos. Se considera textualmente  “asombroso (staggering) que la estimación original –del coste de seguridad- estuviera tan mal hecha”. Se entiende irreconciliable el presupuesto vigente con los compromisos originales Y recuerda que el presupuesto de la candidatura no ha seguido la propia Guía  del Gobierno para la presupuestación  de grandes proyectos, a pesar de que  el Departamento de Tesoro fue repetidamente consultado  por aquélla y las cuentas de la candidatura fueron validadas por todos y cada uno de los departamentos competentes del  Gobierno.
Da la sensación de que,  bajo la comodidad de los consensos institucionales y emotivos  que facilitan estos proyectos, se baja el listón de la exigencia pública a unos niveles muy poco “olímpicos”. Consensos que suelen afectar a la academia y a la prensa, salvo rarísimas excepciones. Pero Gran Bretaña es un poco, sólo un poco, distinta en esto. Ya vemos como se las gastan The Economist o Finantial Times. O como entran a analizar los datos, de forma implacable,  los investigadores de la LSE y otras Universidades. Todo lo cual nos lleva a preguntarnos: ¿se acabará arrepintiendo el COI de su apuesta por esta ciudad, y este país? Pensamos que no. Bien al contrario, debería sentirse reciamente reconfortado por las críticas, tomándolas como estimulantes desafíos con los que medirse, aplicándose con pundonor su lema de autosuperación “Citius, Altius, Fortius”. 
PD: Con todo lo anterior,  no hemos hablado  en realidad de qué pasó con aquella “regeneración urbana” del Este, que fue la gran razón de emprender la apuesta olímpica. 

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