lunes, 18 de marzo de 2013

Y EN ESTO LLEGÓ BELMONTE. Primavera 2012

EN ESTO LLEGÓ BELMONTE. Primavera 2012


Y  en esto llegó Belmonte
“España es el problema y Europa la solución”. La famosa idea de Ortega y Gasset no para de repetirse en los últimos meses. Para unos  justifica la presunción de que todo buen criterio para nuestros problemas vendrá de Europa,  frente a nuestra cabeza loca, de la que nada podemos esperar.  Para otros  es premonitoria de nuestra bancarrota y del recurso al Monte de Piedad Europeo. Qué paradoja que la Nación en su conjunto venga a empeñar su ajuar sin horizonte de retorno cuando a su alrededor saltan por los aires las decenas de Montes de Piedad locales, creados modestamente con recursos propios,  en los que se aliviaban los malos tiempos de los españoles. 
Se pasa por alto la otra gran referencia de Ortega respecto a la “solución” de nuestros males: las Provincias. Sí, las provincias. Las provincias como expresión de las capacidades nacionales, endógenas, propias, fueran grandes o pequeñas, pero nuestras.  Como expresión a su vez de las responsabilidades nacionales y la disposición colectiva a ser consecuente. Era obvio que Ortega no creía en los milagros. Ni por la vía de protectorados alemanes (por muy admirador que fuera de su cultura); ni podría haber imaginado la humillación nacional de acudir al Monte de Piedad Europeo.
Las provincias, aún en su modestia, o precisamente por eso,  representaban para Ortega,  la esperanza en las energías nacionales, la sensatez, la reciedumbre, el compromiso,  la emprendiduría,  lo mejor de España,  el potencial del que emerger tras el fracaso de la clase dirigente nacional, identificada con Madrid.  “Madrid no ha sabido cumplir su misión de capitalidad, que es mejorar las provincias, nutrirlas de vitalidad, incitarlas y refinarlas”.  Hoy, contemplando nuestra realidad,  quizá pensaría que las provincias convertidas en comunidades autónomas renunciaron a ser ellas y despreciaron sus propios valores para jugar a ser réplicas lamentables del peor Madrid, el milagrero y cortesano. Y se escandalizaría  al comprobar lo bien que se ha acomodado al caso su producto menos recomendable al efecto, “ese hombre del casino provinciano que vio a Carancha recibir un día”
No obstante, presumimos que hoy, como  hizo entonces, Ortega sabría distinguir más allá  de morbos provincianos, y mantendría su reivindicación de las provincias, en su mejor sentido.
 Entonces  eligieron Segovia para presentar públicamente su Agrupación al Servicio de la República. Segovia, como símbolo de la España de las provincias, a la que querían dirigirse, y de la nueva España, moderna y eficaz, a la que aspiraban.
El 10 de febrero habían nacido a través de un Manifiesto publicado en el diario El Sol. Un manifiesto de tono sobrio y mesurado (como reconoció el propio ABC), acorde con la meta del mismo, “conseguir un efecto de consenso en la sociedad”. Las adhesiones al mismo se desbordaron. En dos semanas la plataforma alcanzó veinte mil inscritos,…¡ sin internet!.
El manifiesto en buena medida era continuación de los recientes artículos políticos de Ortega en El Sol. Pero a su vez  la plataforma era la culminación de más de 30 años de esfuerzo lento y constante de “un amplio sector intelectual disconforme y crítico con el poder y la realidad social del país”.  Sus promotores, indignados con pajarita, compartían el objetivo común de la regeneración de España, y una pasada juventud de contacto con la cultura europea”. He ahí la Europa tal como la entendían, y desde la que venían a  reivindicar  las provincias.
La expectación y el entusiasmo eran máximos y la vecindad de las dos capitales hacía previsible una avalancha madrileña sobre Segovia. Pero los tres oradores (Ortega y Gasset, Marañón y Pérez de Ayala) deseaban que fuera “el pueblo de Segovia y su provincia el principal oyente de sus discursos”. Sólo se reservaron cincuenta invitaciones para los forasteros. Y así lo advirtieron a través del propio diario El Sol  para evitar molestias.
Llegó el día de San Valentín de 1931, con Segovia convertida en capital del aliento de regeneración nacional. Un hervidero de periodistas nacionales y extranjeros hicieron su llegada. Pero ninguna impuso más que la del torero Juan Belmonte.

Antonio Lucio Gil (17 de junio de 2012)

PD: Los detalles sobre el acto de Segovia del 14 de febrero de 1931 están tomados del trabajo de Margarita Márquez Padorno sobre la Agrupación al Servicio de la República. 


Las Cuentas Olímpicas 1


Antonio Lucio Gil
Para El Adelantado de Segovia
Londres 14 de agosto del 2012


Las Cuentas Olímpicas (1)

Se acabaron los Juegos con un mega-guateque  a los sones de la “rumba” local, para que los atletas se relajaran y despidieran.  La alfombra mágica olímpica se enrolló. Y las preguntas incómodas  aguardan ahí. ¿Ha merecido la pena invertir en  este  evento  9.300 millones de libras, esto es casi 12.000 millones de euros?
El semanario The Economist había dejado en el aire la cuestión en vísperas de que el fuego olímpico inflamara el prodigioso pebetero del estadio de Stratford y el corazón de millones de británicos. Para ello recurrió malévolamente a la figura de un segoviano nacido en Coca, el Emperador Teodosio. Ironizaba  el semanario con una supuesta admiración creciente de los contribuyentes, locales y nacionales,  hacia nuestro paisano, por cuanto a él cabe la “gloria” de ser el responsable, a conciencia, de la estocada y descabello de los Juegos Olímpicos de la Antigüedad. Corría el año 394 de nuestra era; estaba recién clausurada la 293ª Olimpiada y por decreto del emperador se  acababa con 1200 años de continuidad. ¡Qué paradoja  que los segovianos eligiéramos precisamente un pabellón deportivo para rendirle homenaje en su tierra! Cómo se habría recreado nuestro admirado Chesterton en este  detalle! Él que tanto admiraba a España, a la vez  que reivindicaba, convencido, a los “granujas sin tacha”.
 Para los contribuyentes británicos el acontecimiento supone pagar, a través de su Gobierno nacional,  6.200 millones de libras. Los londinenses añaden a ello otros 900 millones más. Por su parte 2.200 millones de libras de la Lotería Nacional, comprada por los mismos contribuyentes, dejarán de destinarse a un buen número de causas sociales para dedicarse a los Juegos. No está por menos preguntarse si procedía el gasto.
Así  lo consideró, lógicamente, el principal responsable de esta aventura olímpica, quien fuera Alcalde de Londres en los primeros años del milenio, Ken Livingston, más conocido como “Red Ken”, por sus posiciones  desafiantemente izquierdistas.  Reconocida por él su ausencia de entusiasmo por los eventos deportivos, toda su justificación para lanzar la candidatura en el año 2003 giraba sobre las bondades económicas y sociales de unos Juegos en el East End de la ciudad, esa zona oscura de Londres, que amén de ser el escenario de los crímenes de Jack el Destripador, cultiva desde siglos las peores condiciones de vida de todo el país. Actualmente  su  población presenta los mayores niveles de desempleo y los menores de formación (un 20 % de los adultos no tiene certificación alguna)  del Reino Unido. La mitad de los niños viven en hogares donde nadie trabaja.  Se  entiende que  durante décadas, Conservadores y Laboristas  no dejaran  de promover  sucesivos proyectos (locales y nacionales) de regeneración de la zona,… con poco éxito, se dice. El propio Livingston contaba con su Plan cuando recibió la visita los dos directivos olímpicos británicos que están en la génesis de todo: Craig Reedie y Simon Clegg. Estos supieron persuadir al alcalde  de que la propuesta que le ponían encima de la mesa encajaba a la perfección con su Plan.  Los Juegos podía ser el vector que permitiera cumplir los sueños redentores del Alcalde. Y era un vector serio. Estaban convencidos que Londres tenía muchas opciones deportivo-corporativas para obtener la confianza del CIO para organizar los primeros Juegos genuinamente europeos tras Barcelona 92 (Atenas 2004 era una deuda ad nominen por el Centenario olímpico): la perseverancia británica con sus tres intentos fallidos previos (a través de Birmingham y Manchester), la deuda moral con los Juegos de la Austeridad del 48, la inspiración de Coubertin en la cultura deportiva de las islas, popular y elitista, etc. Además en la concreta zona del Este que habían identificado, en el bajo valle del río Lea se daba la casualidad que había especio para ubicar de forma compacta el estadio, el centro acuático, el velódromo, un pabellón, pistas de entrenamiento, el centro de prensa  y, por si fuera poco, la mismísima  villa olímpica. A ello se añadía la disponibilidad de un gran intercambiador de transportes.
Convencieron fácilmente al Alcalde de su proyecto. Sin embargo a éste le costó muchísimo convencer al Gobierno nacional sobre el mismo. No está claro aún que le llegara a persuadir. Los zigzageos  de Blair, Brown (Ministro de Hacienda), Tessa Jowell (Ministra de  Cultura y Deporte) y  Alistair Darling (Ministro de Transportes) son en si un cúmulo de lecciones para cualquier país aspirante.  Tampoco logró convencer a una parte importante de la opinión pública, empezando por el semanario The Economist, que no ha cesado en su exigencia de rendición de cuentas.  Y el momento ha llegado.
Si bien sucede, que quien ha acabado al frente del proyecto ha sido un nuevo alcalde, el entrañablemente conservador Boris Johnson, que recomienda a las ciudades aspirantes que no hagan caso de aquellos que se oponen a los Juegos. Y en el gobierno nacional también ha habido cambios. Ahora está David Cameron, que insiste sin parar en que los Juegos van a aportar un sustancial impulso al malogrado PIB británico. Sus estimaciones son de unos 13.000 millones de libras en los próximos años.
¿Se han cumplido o se cumplirán los réditos sociales alegados por laboristas o los beneficios económicos predicados por los conservadores?  (Continuará)
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La Colina Olímpica. Julio 2012


Antonio Lucio Gil (Londres)
Para El Adelantado de Segovia
Sábado, 28 de julio del 2012.



 La Colina Olímpica.
En Londres los hay amigos de los Juegos Olímpicos y no tan amigos; como dirían ellos, los hay Olympyc Folks and Olympic Skepctics. Las razones de unos y otros son sustanciosas, y de su confrontación ya podríamos extraer importantes lecciones. Pero hoy sábado es  la ceremonia de apertura de anoche  la que acapara las sensaciones de la ciudad. Se ha logrado, con gran mérito de Daniel Boyle y su equipo,  una milagrosa atmósfera de identificación general. Pese a  la ligereza y al tono lúdico del espectáculo nada era vano en él. Como dijo Ortega y Gasset en su visita a Cándido al regresar del exilio: “En el Mesón del Segoviano nada es vano”.
El apabullante antecedente de los Juegos de Beijing 2008 era un incómodo desafío para los británicos. ¿Y ahora qué hará Londres? era la pregunta convencional que se hacían todos los comentaristas en el estadio del Nido la noche del 8 de agosto de aquel año. ¿Cómo competir con las megalómanas escenografías del gigante chino? Imposible desde luego. Y quizás innecesario, incluso absurdo. Así pues, con esa increíble confianza en sí mismos que tienen los británicos como “nación” parece que concluyeron que  ellos no tenían que medirse con los chinos. Sino que  tenían que limitarse a ser ellos mismos, a mostrarse tal cual son. Mas no es fácil cuestión ésta, en su apariencia simple: ¿Qué son ellos? ¿Quiénes son ellos?
Mr. Bean, 007, la Reina , los Royal, los Beatles y Mary Poppins…. ¿Eso es Reino Unido? ¿Eso es lo que quiere contar Reino Unido al mundo?…o lo que es más importante ¿eso es lo que quiere contarse Reino Unido a sí mismo?  Nada más lejos de la realidad. Una presentación banal de estos simpáticos referentes sin más hubiera sido recibida como una sonrojante vulgaridad, insoportable, letal para la autoestima  local. Por más gracioso que pudiera parecer todo ello a las gentes agolpadas ante las decenas de pantallas gigantes repartidas por los bellos parques de Londres y el resto del país, un sexto sentido  (o una opinión pública musculada) inspira un criterio general mucho más exigente.
El sentido del humor británico, con la Reina al frente, necesariamente se tenían que poner al servicio de expresiones mucho más profundas.  Proclamaba  ayer The Guardian en su primera página, a  cinco, columnas, “Time to find out we are” (tiempo para descubrir qué/quienes somos). Y ningún otro momento como la ceremonia de apertura para hacer ese ejercicio simbólico.
De ahí que decidirse por los paisajes rurales de su país como motivo principal fue todo una declaración de identidad nacional al mundo y a sí mismos; una declaración de lo que vienen siendo, de lo que quieren  ser. Y dispusieron las  interminables banderas de sus invitados en una colina silvestre, y los discursos solemnes de Sir Sebastian Coe y el doctor Jaques Rogge enmarcados en hierbajos, espigas y amapolas. 
Se entiende la conmoción generada cuando a mediados de mayo este detalle principal de la ceremonia se filtró al Standard Evening , y ocupó toda su portada del día de San Isidro (¡casualidades!) bajo el mensaje “Farm Olympics” (Juegos Olímpicos granjeros, campesinos). Se anunciaba un  estadio convertido en una idílica escena del campo británico, con ríos,  vacas, ovejas y jugadores de cricket, todos reales, todos compartiendo las verdes praderas.
Anoche, sobre esta Arcadia, pronto hicieron acto de presencia los explotadores industriosos, las chimeneas, las minas, la lucha de clases, la protesta obrera, los conflictos sucesivos e interminables….pero el campo siempre estuvo allí, siempre está allí, como mito inspirador.  El paisaje rural  es el ser mismo de la identidad colectiva británica, es el reflejo de cientos de años de forja vital común; sin él no se entenderían en lo que son, su rasgos de carácter, sus sentimentalismos,  sus deportes, sus miedos, sus comidas, sus heroicidades, sus borracheras.  Ni la Union Jack, ni los sones de “God save the Queen”, ni el edificio de Westminster ….sino los paisajes que comparten la grulla con 60 millones de británicos, unos paisajes por los que Winston Churchill decía que  “vale la pena morir”.
Toda una lección para la España miserable que ha malbaratado su costa, y que ha estado dispuesta a destruir su belleza y su identidad para “construir” ruinosos desarrollos urbanísticos y ruinosas infraestructuras. En el Parlamento Europeo durante años nos han estado avergonzando con ello. Pero esas amonestaciones se despreciaban arrogantemente por nuestros representantes, de todos los colores,  exhibiendo complacidos nuestros indicadores de crecimiento. En la misma Segovia, sin ir más lejos,  hace pocos años el Observatorio Socio-Económico  –tras encuestar a nuestros empresarios- identificaba al medio ambiente y al  patrimonio histórico como los principales frenos al desarrollo económico de la provincia. ¿Un desarrollo que pasaba por el aeropuerto de Cantimpalos y Segovia 21?
La otra lección para la España miserable  es la evocación que ayer se quiso hacer –cargada de significado y elocuencia- del sistema nacional de salud, asociado al cuidado y a la educación de la infancia, entendido aquél como patrimonio  esencial y duradero de una nación digna de tal nombre. La nación no son las banderas que tanto gustan a algunos,  que se encelan soñando imágenes semejantes en nuestras calles. Las banderas vienen después, de manera  natural, y sin necesidad de ser campeones mundiales de balompié; las banderas vienen cuando antes hay una nación que se afana –con sus luces y sombras- en ser tal, esto es, en  su propia cohesión, y que sabe respetarse a sí misma en lo más esencial, como son sus paisajes y su sanidad pública. Así se mostró ayer el Reino Unido,  una nación de naciones, compleja, difícil, como la nuestra, que se asume cruzada de interminables y eternos conflictos, empezando por los territoriales, siguiendo por los religiosos y continuado por los sociales; complicados por una inmigración incesante desde hace más de medio siglo. La inmigración que elevará a los primeros lugares del medallero de estos Juegos al GB Team.
Una nación que quiso anoche reafirmarse y reconocerse en su sentido de la libertad. Y respondió a las coreografías chinas de hace 4 años, disciplinadas y militares, con la diversidad y con el caos creativo y transgresor de sus “titiriteros”- desde Sid  Vicious a Sir Paul McCartney-  de los que se enorgullece, y que ya fueron el alma de la fiesta, de su fiesta, hace dos meses en la celebración del Jubileo Real.
Y por si todo esto  fuera poco, se llevó de repente al centro del escenario  a  su compatriota Sir Timothy "Tim" John Berners-Lee, héroe desconocido para las masas, creador del lenguaje www, para  recordar al mundo y en especial a China, el valor de la libertad en la Red, de la libertad de expresión e información en general, y el amor de los británicos a la libertad.
Postdata: Este domingo primero de agosto los romeros y las bendiciones concurrirán en el Malangosto, como de costumbre. Fue un deportista, y francés, como el Baron de Coubertin, Jaime Alpens, quien supo ligar el mito del Arcipreste con la devoción por nuestras montañas.

Las Cuentas Olimpicas (2). Agosto 2012


Antonio Lucio Gil
Para El Adelantado de Segovia
Londres, sábado, 18 de agosto del 2012.

Las Cuentas Olímpicas 2
El Informe oficial sobre los impactos y el legado de los Juegos de Londres estará disponible en el año 2015. Debe contemplar, lógicamente, el principal periodo de influjo de aquéllos, que se ha definido en 12 años: desde que se lanza la candidatura (2002 en el caso londinense) hasta 3 años después de la celebración del evento. No obstante en el año 2013 se presentará  ya un Avance. Tal informe se está realizando por la Universidad del  Este de Londres (UEL), junto con el Instituto para la Sostenibilidad de Thames Gateway (TGIfS); ambas reputadas instituciones de investigación y estudio sobre todos los aspectos de relevancia para el caso. Es importante reseñar que el Informe se está llevando a cabo por primera vez en unos Juegos de verano, conforme a un ambicioso cuadro de 120 indicadores (económicos, sociales, ambientales) diseñado por el COI, tras una década de concienzudos trabajos, bajo el nombre de OGI (Olymic Games Impact).  
Mas, entre tanto se emite tal informe oficial, se han sucedido otros muchos desde distintos ámbitos económicos, académicos, sociales. El Finantial Times, hace dos semanas,  relacionaba los principales estudios generados en torno a los beneficios económicos del acontecimiento, a cargo de Goldman Sachs, Lloyds Banking Group (a través de  Oxford Economics), Consensus Economics (a través  de Michael Saunders de Citigroup), Office por Budget Responsability,  Royal Bank of Scotland, Visa, Moody’s y el propio Downing Street.  Este último habla de un impulso económico,  por mérito de  los Juegos, de 13.billones (en sentido anglosajón, = 13.000 millones) de libras a lo largo de los próximos cuatro años: 2,3 por el turismo, 6 de inversiones extranjeras directas en Reino Unido y el resto a través de una serie de grandes cumbres económicas a celebrarse en Londres  bajo la estela del evento. Coinciden en  estimaciones tan positivas Lloyds y Visa, ambos patrocinadores de aquél. El primero prevé globalmente, en varios años, un rendimiento de 16,5 billones  de libras. Visa, por su parte, calcula 1,37 billones por ejercicio en los próximos años, consiguiéndose en total un incremento del 3,5% PIB para el año 2015. Por el contrario el resto de los estudios referidos hablan, en general,  de un limitado beneficio: entre un 0 y un 0,3% del PIB en el tercer trimestre de este año.  Hay una explicación para tan grande diferencia entre unas y otras estimaciones. Estos últimos estudios se limitan a  considerar los ingresos directos de venta de tickets, turismo durante los Juegos y gestión del evento. Mientras que los primeros (Gobierno, Visa, LLoyds) intentan desarrollar un verdadero análisis de coste-beneficios mucho más amplio, tanto por el lado del “debe” (costes de candidatura y de administración, seguridad, sacrificio para otros negocios locales, etc.) como por el del  “haber” (impacto dinámico del empleo temporal en las obras, redes de negocios generadas con ocasión del evento, beneficios en turismo a largo plazo, efecto de imagen, etc.). No obstante este ejercicio se presta a tantas interpretaciones y matices (por ejemplo ¿qué parte de los flujos a largo plazo de obras o de turismo habrían tenido lugar igualmente sin el evento? ¿Cuáles son los costes de oportunidad ¿) que tal labor de contraste y balance entre gastos y beneficios es calificada de “hercúlea” por el propio Finantial Times. “La cuestión es tan ambigua y tan difícil de evaluar que es muy poco probable llegar a conclusiones mínimamente objetivas”, con lo que suele suceder que “las promesas de beneficios y legados acaban perdidas en cálculos presupuestarios”  dice Andrew Thornley, profesor  de planificación urbana de la London School of Economics (LSE), con una de las trayectorias más reputadas en la cuestión.
Todo lo anterior nos da una idea de la enorme importancia de ese primer intento oficial de” Olympic Games Impact” (OGI), auspiciado por el COI,  que se está llevando a cabo con ocasión de Londres 2012, cuyo avance de resultados tendremos el año que viene, y su versión final en el 2015.
Ahora bien, en todo este complejo esquema de números sí se han alcanzado certezas en el análisis de los costes, certezas bastante incómodas. El sobrecoste medio de los Juegos desde 1976 ronda un 179% respecto a los presupuestos iníciales;  más que cualquier otra clase de mega-proyectos, incluidas las grandes presas. Así  se encargaba  de remarcarlo The Economist en su famoso editorial homenaje a nuestro paisano el Emperador Theodosius. Para  Will Jennings, investigador en riesgos y mega-eventos, también vinculado a la LSE, ese inquietante  desequilibrio se debe a: prejuicios optimistas en los costes por parte de las candidaturas, omisiones u ocultaciones por parte de los planificadores, incremento descontrolado de las especificaciones desde los organismos deportivos, pobre gestión del proyecto, defectuosa  gestión de riesgos y, destacadamente,  fallos en los sistemas políticos de supervisión.
Con opiniones parecidas, los autores vienen a reconocer, dolorosamente, que Londres 2012 no es la excepción. Y se hacen eco del estupor en  la Comisión de Cuentas Públicas de la Cámara de los Comunes al analizar el pasado marzo los presupuestos finales del proyecto: sobre  un incremento de 5,9 billones de libras de gasto público respecto al presupuesto inicial “revisado” de en torno a 4 (en un momento previo era sólo de 2,3), se sorprende la Comisión de que no se den suficientes explicaciones acerca de cómo se piensa gestionar el retorno de parte de los mismos. Se considera textualmente  “asombroso (staggering) que la estimación original –del coste de seguridad- estuviera tan mal hecha”. Se entiende irreconciliable el presupuesto vigente con los compromisos originales Y recuerda que el presupuesto de la candidatura no ha seguido la propia Guía  del Gobierno para la presupuestación  de grandes proyectos, a pesar de que  el Departamento de Tesoro fue repetidamente consultado  por aquélla y las cuentas de la candidatura fueron validadas por todos y cada uno de los departamentos competentes del  Gobierno.
Da la sensación de que,  bajo la comodidad de los consensos institucionales y emotivos  que facilitan estos proyectos, se baja el listón de la exigencia pública a unos niveles muy poco “olímpicos”. Consensos que suelen afectar a la academia y a la prensa, salvo rarísimas excepciones. Pero Gran Bretaña es un poco, sólo un poco, distinta en esto. Ya vemos como se las gastan The Economist o Finantial Times. O como entran a analizar los datos, de forma implacable,  los investigadores de la LSE y otras Universidades. Todo lo cual nos lleva a preguntarnos: ¿se acabará arrepintiendo el COI de su apuesta por esta ciudad, y este país? Pensamos que no. Bien al contrario, debería sentirse reciamente reconfortado por las críticas, tomándolas como estimulantes desafíos con los que medirse, aplicándose con pundonor su lema de autosuperación “Citius, Altius, Fortius”. 
PD: Con todo lo anterior,  no hemos hablado  en realidad de qué pasó con aquella “regeneración urbana” del Este, que fue la gran razón de emprender la apuesta olímpica. 

domingo, 17 de marzo de 2013