Antonio Lucio Gil (Londres)
Para El Adelantado de Segovia
Sábado, 28 de julio del 2012.
La Colina Olímpica.
En Londres los hay amigos de los Juegos Olímpicos y no tan
amigos; como dirían ellos, los hay Olympyc Folks and Olympic Skepctics. Las
razones de unos y otros son sustanciosas, y de su confrontación ya podríamos
extraer importantes lecciones. Pero hoy sábado es la ceremonia de apertura de anoche la que acapara las sensaciones de la ciudad. Se
ha logrado, con gran mérito de Daniel Boyle y su equipo, una milagrosa atmósfera de identificación
general. Pese a la ligereza y al tono
lúdico del espectáculo nada era vano en él. Como dijo Ortega y Gasset en su
visita a Cándido al regresar del exilio: “En el Mesón del Segoviano nada es vano”.
El apabullante antecedente de los Juegos de Beijing 2008 era
un incómodo desafío para los británicos. ¿Y ahora qué hará Londres? era la
pregunta convencional que se hacían todos los comentaristas en el estadio del
Nido la noche del 8 de agosto de aquel año. ¿Cómo competir con las megalómanas
escenografías del gigante chino? Imposible desde luego. Y quizás innecesario,
incluso absurdo. Así pues, con esa increíble confianza en sí mismos que tienen
los británicos como “nación” parece que concluyeron que ellos no tenían que medirse con los chinos. Sino
que tenían que limitarse a ser ellos
mismos, a mostrarse tal cual son. Mas no es fácil cuestión ésta, en su
apariencia simple: ¿Qué son ellos? ¿Quiénes son ellos?
Mr. Bean, 007, la Reina , los Royal, los Beatles y Mary
Poppins…. ¿Eso es Reino Unido? ¿Eso es lo que quiere contar Reino Unido al
mundo?…o lo que es más importante ¿eso es lo que quiere contarse Reino Unido a
sí mismo? Nada más lejos de la realidad.
Una presentación banal de estos simpáticos referentes sin más hubiera sido
recibida como una sonrojante vulgaridad, insoportable, letal para la
autoestima local. Por más gracioso que
pudiera parecer todo ello a las gentes agolpadas ante las decenas de pantallas
gigantes repartidas por los bellos parques de Londres y el resto del país, un
sexto sentido (o una opinión pública
musculada) inspira un criterio general mucho más exigente.
El sentido del humor británico, con la Reina al frente,
necesariamente se tenían que poner al servicio de expresiones mucho más
profundas. Proclamaba ayer The
Guardian en su primera página, a
cinco, columnas, “Time to find out we are” (tiempo para descubrir
qué/quienes somos). Y ningún otro momento como la ceremonia de apertura para
hacer ese ejercicio simbólico.
De ahí que decidirse por los paisajes rurales de su país
como motivo principal fue todo una declaración de identidad nacional al mundo y
a sí mismos; una declaración de lo que vienen siendo, de lo que quieren ser. Y dispusieron las interminables banderas de sus invitados en
una colina silvestre, y los discursos solemnes de Sir Sebastian Coe y el doctor
Jaques Rogge enmarcados en hierbajos, espigas y amapolas.
Se entiende la conmoción generada cuando a mediados de mayo
este detalle principal de la ceremonia se filtró al Standard Evening , y ocupó
toda su portada del día de San Isidro (¡casualidades!) bajo el mensaje “Farm
Olympics” (Juegos Olímpicos granjeros, campesinos). Se anunciaba un estadio convertido en una idílica escena del
campo británico, con ríos, vacas, ovejas
y jugadores de cricket, todos reales, todos compartiendo las verdes praderas.
Anoche, sobre esta Arcadia, pronto hicieron acto de
presencia los explotadores industriosos, las chimeneas, las minas, la lucha de
clases, la protesta obrera, los conflictos sucesivos e interminables….pero el
campo siempre estuvo allí, siempre está allí, como mito inspirador. El paisaje rural es el ser mismo de la identidad colectiva
británica, es el reflejo de cientos de años de forja vital común; sin él no se
entenderían en lo que son, su rasgos de carácter, sus sentimentalismos, sus deportes, sus miedos, sus comidas, sus heroicidades,
sus borracheras. Ni la Union Jack, ni
los sones de “God save the Queen”, ni el edificio de Westminster ….sino los
paisajes que comparten la grulla con 60 millones de británicos, unos paisajes
por los que Winston Churchill decía que “vale la pena morir”.
Toda una lección para la España miserable que ha malbaratado su costa, y que ha estado dispuesta a
destruir su belleza y su identidad para “construir” ruinosos desarrollos
urbanísticos y ruinosas infraestructuras. En el Parlamento Europeo durante años
nos han estado avergonzando con ello. Pero esas amonestaciones se despreciaban arrogantemente
por nuestros representantes, de todos los colores, exhibiendo complacidos nuestros indicadores de
crecimiento. En la misma Segovia, sin ir más lejos, hace pocos años el Observatorio Socio-Económico
–tras encuestar a nuestros empresarios- identificaba
al medio ambiente y al patrimonio histórico
como los principales frenos al desarrollo económico de la provincia. ¿Un
desarrollo que pasaba por el aeropuerto de Cantimpalos y Segovia 21?
La otra lección para la España miserable es la evocación que
ayer se quiso hacer –cargada de significado y elocuencia- del sistema nacional
de salud, asociado al cuidado y a la educación de la infancia, entendido aquél
como patrimonio esencial y duradero de
una nación digna de tal nombre. La nación no son las banderas que tanto gustan
a algunos, que se encelan soñando
imágenes semejantes en nuestras calles. Las banderas vienen después, de
manera natural, y sin necesidad de ser
campeones mundiales de balompié; las banderas vienen cuando antes hay una
nación que se afana –con sus luces y sombras- en ser tal, esto es, en su propia cohesión, y que sabe respetarse a sí
misma en lo más esencial, como son sus paisajes y su sanidad pública. Así se
mostró ayer el Reino Unido, una nación
de naciones, compleja, difícil, como la nuestra, que se asume cruzada de interminables
y eternos conflictos, empezando por los territoriales, siguiendo por los
religiosos y continuado por los sociales; complicados por una inmigración
incesante desde hace más de medio siglo. La inmigración que elevará a los
primeros lugares del medallero de estos Juegos al GB Team.
Una nación que quiso anoche reafirmarse y reconocerse en su
sentido de la libertad. Y respondió a las coreografías chinas de hace 4 años,
disciplinadas y militares, con la diversidad y con el caos creativo y
transgresor de sus “titiriteros”- desde Sid
Vicious a Sir Paul McCartney- de los
que se enorgullece, y que ya fueron el alma de la fiesta, de su fiesta, hace
dos meses en la celebración del Jubileo Real.
Y por si todo esto fuera
poco, se llevó de repente al centro del escenario a su
compatriota Sir Timothy "Tim" John Berners-Lee, héroe desconocido
para las masas, creador del lenguaje www,
para recordar al mundo y en especial a
China, el valor de la libertad en la Red, de la libertad de expresión e
información en general, y el amor de los británicos a la libertad.
Postdata:
Este domingo primero de agosto los romeros y las bendiciones concurrirán en el
Malangosto, como de costumbre. Fue un deportista, y francés, como el Baron de
Coubertin, Jaime Alpens, quien supo ligar el mito del Arcipreste con la
devoción por nuestras montañas.
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