lunes, 18 de marzo de 2013

La Colina Olímpica. Julio 2012


Antonio Lucio Gil (Londres)
Para El Adelantado de Segovia
Sábado, 28 de julio del 2012.



 La Colina Olímpica.
En Londres los hay amigos de los Juegos Olímpicos y no tan amigos; como dirían ellos, los hay Olympyc Folks and Olympic Skepctics. Las razones de unos y otros son sustanciosas, y de su confrontación ya podríamos extraer importantes lecciones. Pero hoy sábado es  la ceremonia de apertura de anoche  la que acapara las sensaciones de la ciudad. Se ha logrado, con gran mérito de Daniel Boyle y su equipo,  una milagrosa atmósfera de identificación general. Pese a  la ligereza y al tono lúdico del espectáculo nada era vano en él. Como dijo Ortega y Gasset en su visita a Cándido al regresar del exilio: “En el Mesón del Segoviano nada es vano”.
El apabullante antecedente de los Juegos de Beijing 2008 era un incómodo desafío para los británicos. ¿Y ahora qué hará Londres? era la pregunta convencional que se hacían todos los comentaristas en el estadio del Nido la noche del 8 de agosto de aquel año. ¿Cómo competir con las megalómanas escenografías del gigante chino? Imposible desde luego. Y quizás innecesario, incluso absurdo. Así pues, con esa increíble confianza en sí mismos que tienen los británicos como “nación” parece que concluyeron que  ellos no tenían que medirse con los chinos. Sino que  tenían que limitarse a ser ellos mismos, a mostrarse tal cual son. Mas no es fácil cuestión ésta, en su apariencia simple: ¿Qué son ellos? ¿Quiénes son ellos?
Mr. Bean, 007, la Reina , los Royal, los Beatles y Mary Poppins…. ¿Eso es Reino Unido? ¿Eso es lo que quiere contar Reino Unido al mundo?…o lo que es más importante ¿eso es lo que quiere contarse Reino Unido a sí mismo?  Nada más lejos de la realidad. Una presentación banal de estos simpáticos referentes sin más hubiera sido recibida como una sonrojante vulgaridad, insoportable, letal para la autoestima  local. Por más gracioso que pudiera parecer todo ello a las gentes agolpadas ante las decenas de pantallas gigantes repartidas por los bellos parques de Londres y el resto del país, un sexto sentido  (o una opinión pública musculada) inspira un criterio general mucho más exigente.
El sentido del humor británico, con la Reina al frente, necesariamente se tenían que poner al servicio de expresiones mucho más profundas.  Proclamaba  ayer The Guardian en su primera página, a  cinco, columnas, “Time to find out we are” (tiempo para descubrir qué/quienes somos). Y ningún otro momento como la ceremonia de apertura para hacer ese ejercicio simbólico.
De ahí que decidirse por los paisajes rurales de su país como motivo principal fue todo una declaración de identidad nacional al mundo y a sí mismos; una declaración de lo que vienen siendo, de lo que quieren  ser. Y dispusieron las  interminables banderas de sus invitados en una colina silvestre, y los discursos solemnes de Sir Sebastian Coe y el doctor Jaques Rogge enmarcados en hierbajos, espigas y amapolas. 
Se entiende la conmoción generada cuando a mediados de mayo este detalle principal de la ceremonia se filtró al Standard Evening , y ocupó toda su portada del día de San Isidro (¡casualidades!) bajo el mensaje “Farm Olympics” (Juegos Olímpicos granjeros, campesinos). Se anunciaba un  estadio convertido en una idílica escena del campo británico, con ríos,  vacas, ovejas y jugadores de cricket, todos reales, todos compartiendo las verdes praderas.
Anoche, sobre esta Arcadia, pronto hicieron acto de presencia los explotadores industriosos, las chimeneas, las minas, la lucha de clases, la protesta obrera, los conflictos sucesivos e interminables….pero el campo siempre estuvo allí, siempre está allí, como mito inspirador.  El paisaje rural  es el ser mismo de la identidad colectiva británica, es el reflejo de cientos de años de forja vital común; sin él no se entenderían en lo que son, su rasgos de carácter, sus sentimentalismos,  sus deportes, sus miedos, sus comidas, sus heroicidades, sus borracheras.  Ni la Union Jack, ni los sones de “God save the Queen”, ni el edificio de Westminster ….sino los paisajes que comparten la grulla con 60 millones de británicos, unos paisajes por los que Winston Churchill decía que  “vale la pena morir”.
Toda una lección para la España miserable que ha malbaratado su costa, y que ha estado dispuesta a destruir su belleza y su identidad para “construir” ruinosos desarrollos urbanísticos y ruinosas infraestructuras. En el Parlamento Europeo durante años nos han estado avergonzando con ello. Pero esas amonestaciones se despreciaban arrogantemente por nuestros representantes, de todos los colores,  exhibiendo complacidos nuestros indicadores de crecimiento. En la misma Segovia, sin ir más lejos,  hace pocos años el Observatorio Socio-Económico  –tras encuestar a nuestros empresarios- identificaba al medio ambiente y al  patrimonio histórico como los principales frenos al desarrollo económico de la provincia. ¿Un desarrollo que pasaba por el aeropuerto de Cantimpalos y Segovia 21?
La otra lección para la España miserable  es la evocación que ayer se quiso hacer –cargada de significado y elocuencia- del sistema nacional de salud, asociado al cuidado y a la educación de la infancia, entendido aquél como patrimonio  esencial y duradero de una nación digna de tal nombre. La nación no son las banderas que tanto gustan a algunos,  que se encelan soñando imágenes semejantes en nuestras calles. Las banderas vienen después, de manera  natural, y sin necesidad de ser campeones mundiales de balompié; las banderas vienen cuando antes hay una nación que se afana –con sus luces y sombras- en ser tal, esto es, en  su propia cohesión, y que sabe respetarse a sí misma en lo más esencial, como son sus paisajes y su sanidad pública. Así se mostró ayer el Reino Unido,  una nación de naciones, compleja, difícil, como la nuestra, que se asume cruzada de interminables y eternos conflictos, empezando por los territoriales, siguiendo por los religiosos y continuado por los sociales; complicados por una inmigración incesante desde hace más de medio siglo. La inmigración que elevará a los primeros lugares del medallero de estos Juegos al GB Team.
Una nación que quiso anoche reafirmarse y reconocerse en su sentido de la libertad. Y respondió a las coreografías chinas de hace 4 años, disciplinadas y militares, con la diversidad y con el caos creativo y transgresor de sus “titiriteros”- desde Sid  Vicious a Sir Paul McCartney-  de los que se enorgullece, y que ya fueron el alma de la fiesta, de su fiesta, hace dos meses en la celebración del Jubileo Real.
Y por si todo esto  fuera poco, se llevó de repente al centro del escenario  a  su compatriota Sir Timothy "Tim" John Berners-Lee, héroe desconocido para las masas, creador del lenguaje www, para  recordar al mundo y en especial a China, el valor de la libertad en la Red, de la libertad de expresión e información en general, y el amor de los británicos a la libertad.
Postdata: Este domingo primero de agosto los romeros y las bendiciones concurrirán en el Malangosto, como de costumbre. Fue un deportista, y francés, como el Baron de Coubertin, Jaime Alpens, quien supo ligar el mito del Arcipreste con la devoción por nuestras montañas.

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